miércoles, 16 de octubre de 2013

Disposición de primera vez



Dicen que viajar “abre la cabeza”. Puede ser, pero sé de mucha gente bastante tonta que ha dado la vuelta al mundo muchas veces. Lo que si puedo asegurar es que viajar es una buena oportunidad para reeditar la capacidad de asombro. Me refiero a algo así como tener disposición de “primera vez”. Eso que nos llena de ansiedad, acelera los latidos, y nos dibuja una sonrisa mientras nuestros ojos se agrandan. Porque vivimos algo por primera vez. Algo que va a desacomodarnos el alma por unos instantes hasta que logremos acostumbrarnos. Y nunca más volveremos a ser los mismos.
Esta orilla del Sena por la que camino, no es la misma de tantas películas, (Los miserables por ejemplo) les aseguro que es completamente nueva.  Y el puente de los enamorados donde acostumbran poner candados con el nombre de la pareja y luego tiran la llave al río. Podría estar en cientos de cuentos de amor, cuentos malos incluso. Pero este puente que cruzo es real para mí por primera vez. ¿Y las pinturas? ¿Y las esculturas? ¿Quién no ha visto una copia de las Meninas o del Pensador de Rodin? Yo misma tengo una estatuita en mi escritorio de este último. Supuse que recorrería los museos para mirar y luego decir “si, si, estuve en el Louvre”. Pero no. La fuerza de la primera vez me tomó por completo y el asombro me detuvo. Frente a cada obra suspiré emocionada.
No sabía, no recordaba mejor dicho, que era capaz de asombrarme así. Mal hecho. Nunca debo olvidar que mi alma necesita el soplo de la primera vez. Me pregunto si esto sólo es posible porque estoy viajando, pero no, sé que lo he vivido otras veces. Pero sí estoy segura que los prejuicios o los temores no me  ayudan en absoluto. El desafío es parecido a cuando nos dicen que cerremos los ojos y no los abramos hasta estar preparados. Pero muchas veces he dicho: no me gustan las sorpresas…
Dije que no volvemos a ser los mismos y lo sostengo. Las cosas que me han asombrado vivirán en mi memoria aún cuando las olvide. (Por más que las racionalice, interprete y juzgue con o sin razón). Y un día cualquiera, cuando corra apurada por el supermercado o limpie la cocina o escuche una conversación, algo imperceptible, un color, una sensación, una forma, una palabra despertará la imagen cuidadosamente guardada y olvidada y volveré a conmoverme.  Esa será la segunda vez pero en esta ocasión estaré lista para compartirla precisamente porque ahora me pertenece.

1 comentario:

  1. claudiamaucci2013@hotmail.com.ar17 de octubre de 2013 a las 16:02

    no te das una idea de lo bien que relatas tu estado de animo, de sorpresa y alegria totalmente sorpresiva . Esta vez te ganó la sorpresa que ni pensabas tener. FELICITACIONES

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