Su aislamiento ha sido, en el fondo, una gran
ventaja. Porque de alguna manera se las han arreglado para construir una
identidad particular y bastante independiente incontaminada del clásico europeísmo. Tienen su propia moneda,
la libra, ya que no han suscripto el acuerdo de la moneda común europea. Tienen su propio sistema
de medidas, sus horarios, sus costumbres tan “british”, y
hasta se dan el gusto de mantener a una reina y a su parentela, más por una cuestión de
considerarlo un patrimonio nacional que por una cuestión política. Manejan del
lado izquierdo, lo que hizo que más de una vez esté a punto de ser atropellada, y son capaces
de mantener un estadio impresionante dedicado al…. ¡Cricket!. Un deporte que sólo les
interesa a los ingleses.
Este país dueño de la más legendaria y poderosa
flota naval (de la que tenemos tristes recuerdos los argentinos), jugó al polo en los
jardines de las colonias de la
India, compró y vendió cientos de colonias, muchas de las cuales
conserva todavía (trece), promovió la revolución industrial que tanto preocupó a Marx, y
fue el motor del crecimiento del capitalismo que hoy nos cobija. Y todo desde
una isla. No le hizo falta pasar por ningún país para alcanzar sus objetivos,
le bastó con subir a un barco y surcar el mar con su bandera (¿pirata?).
Como sea, disculpen mi síntesis tan elemental,
solo quería compartir esta idea de que de una aparente desventaja pueden
surgir
grandes beneficios. Inglaterra fue y es un país poderoso, no hay duda. Pero si
bien el arte que le pertenece es extraordinario (no olvidemos a Shakespeare, Elliot, Dickens, Orwell, Jean Austen,
Wells, Tolkin, y muchos otros, algunos de los cuales han
acompañado nuestra infancia de lectores, y no conozco casi nada de su pintura o escultura pero
la he apreciado en los museos), no ha sido su arte lo que lo ha destacado en
el mundo. Ha sido su virtud de visionarios, de emprendedores, de conquistadores
comerciales, y todo ello con esa impronta original que los caracteriza.
Una nota de color: no hay un solo vestigio de los
Beatles. Ni un llaverito en un negocio de souvenirs.
Londres es definitivamente hermoso, atractivo e
inquietante. Con una lógica diferente que, en el marco de su historia y cultura,
es absolutamente coherente. Al visitarla te sentís bien recibido y tratado con
cordialidad… inglesa.
Al irme de Londres no me despedí como las otras veces. En cambio ensayé una
profunda reverencia. Si hubiese usado sombrero me lo habría quitado.
Me pareció lo más apropiado.
