Están por
todos lados. Limpiando las veredas, atendiendo las mesas de los bares,
recogiendo la basura, dormitando en las plazas, ordenando los productos en el súper,
vendiendo artesanías en la calle, tocando música en los pasillos del Metro… o
mendigando.
Los inmigrantes son en su mayoría africanos. No se que forma de vida tenían en su tierra pero debe de haber sido muy dura para preferir venir a estas grandes ciudades a convertirse en ciudadanos de cuarta categoría. Es verdad que han tenido más suerte que los náufragos de Lampedusa, pero una suerte rara de todas maneras. Me inquietan sus rostros tan oscuros, marcados por un oscuro destino de diáspora permanente.
Los inmigrantes son en su mayoría africanos. No se que forma de vida tenían en su tierra pero debe de haber sido muy dura para preferir venir a estas grandes ciudades a convertirse en ciudadanos de cuarta categoría. Es verdad que han tenido más suerte que los náufragos de Lampedusa, pero una suerte rara de todas maneras. Me inquietan sus rostros tan oscuros, marcados por un oscuro destino de diáspora permanente.
Un autor
que no recuerdo escribió un libro cuyo título decía: “El mito de la igualdad de
oportunidades”. Planteaba que era un mito si no existía como base la convicción
filosófica y política de que todos fuésemos realmente iguales. Pero como decía
Abelardo Ramos parece que algunos son mas iguales que otros.
En nuestro
país ocurre algo similar salvando las distancias. Pero creo que es menos
trágico porque nosotros nacimos siendo mestizos y eso ya nos prepara de alguna
forma. Para Europa parece más difícil. Hay una frontera invisible, pero no por
ello menos violenta, que separa a los inmigrantes del resto de la población. No
debe ser nada fácil vivir en un lugar que solo te deja el lugar que le sobra y
encima te recuerda siempre que no te pertenece. Aun así, ellos siguen viniendo,
con un instinto de supervivencia digno de admiración, como si quisieran decirnos
que algún día, tal vez lejano, un día que ni nosotros ni ellos viviremos para
presenciar, un día en que ellos serán los dueños de algo, y merecerán respeto
por ello. Y no recordaran la humillación de sus padres. Porque serán iguales a
los demás.
Mientras
tanto, los gritos de la vieja Bastilla, las barricadas, la gloria, han quedado
en el pasado, los héroes de la revolución francesa son fantasmas desorientados
vagando sin rumbo. Mientras tanto Lampedusa es un signo más vivo que ellos. Más
cierto y más trágico.

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