lunes, 21 de octubre de 2013

God save the Queen!



¿Alguna vez se han sentido aislados? Seguro que sí. Y no suele ser una experiencia placentera. En ese caso, ¿imaginan peor situación de aislamiento que vivir rodeado de agua? Para ser más precisos: ¿vivir en una isla? He estado pensando que esta condición ha tenido mucho que ver en la idiosincrasia de Inglaterra. 



Su aislamiento ha sido, en el fondo, una gran ventaja. Porque de alguna manera se las han arreglado para construir una identidad particular y bastante independiente incontaminada del clásico europeísmo. Tienen su propia moneda, la libra, ya que no han suscripto el acuerdo de la moneda común europea. Tienen su propio sistema de medidas, sus horarios, sus costumbres tan “british”, y hasta se dan el gusto de mantener a una reina y a su parentela, más por una cuestión de considerarlo un patrimonio nacional que por una cuestión política. Manejan del lado izquierdo, lo que hizo que más de una vez esté a punto de ser atropellada, y son capaces de mantener un estadio impresionante dedicado al…. ¡Cricket!. Un deporte que sólo les interesa a los ingleses.  

Este país dueño de la más legendaria y poderosa flota naval (de la que tenemos tristes recuerdos los argentinos), jugó al polo en los jardines de las colonias de la India, compró y vendió cientos de colonias, muchas de las cuales conserva todavía (trece), promovió la revolución industrial que tanto preocupó a Marx, y fue el motor del crecimiento del capitalismo que hoy nos cobija. Y todo desde una isla. No le hizo falta pasar por ningún país para alcanzar sus objetivos, le bastó con subir a un barco y surcar el mar con su bandera (¿pirata?). 
  
Como sea, disculpen mi síntesis tan elemental, solo quería compartir esta idea de que de una aparente desventaja  pueden surgir grandes beneficios. Inglaterra fue y es un país poderoso, no hay duda. Pero si bien el arte que le pertenece es extraordinario (no olvidemos a Shakespeare, Elliot, Dickens, Orwell, Jean Austen, Wells, Tolkin, y muchos otros, algunos de los cuales han acompañado nuestra infancia de lectores, y no conozco casi nada de su pintura o escultura pero la he apreciado en los museos), no ha sido su arte lo que lo ha destacado en el mundo. Ha sido su virtud de visionarios, de emprendedores, de conquistadores comerciales, y todo ello con esa impronta original que los caracteriza. 

Disfrute recorriendo sus jardines perfectos, visitando las casas de autores como Dickens o A. Connan Doyle, fotografiando la Abadía de Westminster, uno de los castillos en los que vivió el famoso Enrique VIII, aquel que rompió con la iglesia católica por separarse de la reina Catalina que no le daba hijos varones y desposar a Ana Bolena. Tampoco tuvo mucha suerte por lo que se caso 5 veces más y vivió en varios de los castillos de Londres. Visité la Gran Torre donde estuvo preso Thomas Moro por negarse a renunciar a su fe y donde escribió “Utopía”. También pase por el palacio de Buckingham donde vive la reina. Una construcción enorme pero poco vistosa, rodeada por una reja (a cien metros de la casa) que la separa de la calle contra la cual se agolpan los turistas para ver el cambio de guardia . Unos soldados con uniforme colorado y un ridículo penacho negro en la cabeza marchan con pasos firmes y exagerados frente a miles de flashes. No por qué, pero toda la escena me recordó al zoológico.  

Una nota de color: no hay un solo vestigio de los Beatles. Ni un llaverito en un negocio de souvenirs. 

Londres es definitivamente hermoso, atractivo e inquietante. Con una lógica diferente que, en el marco de su historia y cultura, es absolutamente coherente. Al visitarla te sentís bien recibido y tratado con cordialidad… inglesa.  

Al irme de Londres no me despedí como las otras veces. En cambio ensayé una profunda reverencia. Si hubiese usado sombrero me lo habría quitado.  

Me pareció lo más apropiado. 

2 comentarios:

  1. Lo del cricket es absolutamente cierto (me arrancaste una sonrisa). Mi reverencia iría acompañada con cierta mímica de burla pero: folklores son folklores. Además no estuve ahí. Lo del aislamiento podría justificar la voracidad pirata... pero nah...

    No te preocupes por tu desconocimiento del idioma: después de todo, los romanos lo consideraban barbárico (de un imperio a otro: qué risa).

    Te mando un beso grande amiga!!! (acá te estamos esperando con mucho cálido amor latinoamericano).

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  2. Acabo de leer todo lo que escribiste y es realmente como dijo Martín, parece estar compartiendo cada uno de los lugares... Sos una gran escritora... Un beso grande y hasta pronto!!!! Yo

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